
Cada día, millones de mujeres trabajan la tierra, cuidan animales, siembran, cosechan y transforman alimentos que llegan a las mesas de millones de personas en todo el planeta. Sin embargo, su contribución sigue siendo, en gran medida, invisible.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, vale la pena recordar una realidad que muchas veces pasa desapercibida: sin mujeres no hay agricultura.
Según datos de la Food and Agriculture Organization of the United Nations, las mujeres representan cerca del 43 % de la fuerza laboral agrícola mundial, una cifra que refleja su enorme peso dentro de la producción de alimentos.
En muchos países en desarrollo, su participación es aún más determinante. La organización estima que las mujeres producen entre el 60 % y el 80 % de los alimentos, especialmente en sistemas agrícolas familiares y de pequeña escala.
Detrás de cada cosecha hay historias de trabajo, resiliencia y conocimiento transmitido de generación en generación.
El rol de las mujeres en toda la cadena agroalimentaria
La participación femenina en el sector agropecuario va mucho más allá del trabajo en el campo.
Las mujeres intervienen en todas las etapas de los sistemas agroalimentarios, desde la producción hasta el procesamiento, almacenamiento, comercialización y distribución de alimentos.
De acuerdo con la Food and Agriculture Organization of the United Nations, alrededor del 40 % de las mujeres empleadas en el mundo trabajan dentro de los sistemas agroalimentarios, lo que convierte a este sector en uno de los principales espacios de empleo femenino.
En América Latina y el Caribe, las mujeres representan aproximadamente 36 % de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios, y su presencia es particularmente significativa en actividades relacionadas con la agroindustria, el comercio de alimentos y los mercados rurales.
Sin embargo, a pesar de su papel esencial, las mujeres continúan enfrentando desigualdades estructurales que limitan su potencial productivo.
Las brechas que aún persisten
Uno de los mayores desafíos que enfrentan las mujeres rurales es el acceso desigual a los recursos productivos.
En muchas regiones del mundo, las agricultoras tienen menos acceso que los hombres a:
- tierra
- financiamiento y crédito agrícola
- tecnología y maquinaria
- capacitación técnica
- asistencia agrícola
- participación en la toma de decisiones
Estas brechas no solo afectan a las mujeres, sino también al rendimiento global del sector agrícola.
Diversos estudios de la Food and Agriculture Organization of the United Nations indican que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a recursos productivos que los hombres, la producción agrícola mundial podría aumentar entre 2.5 % y 4 %.
Un incremento de esta magnitud tendría un impacto directo en la seguridad alimentaria global, reduciendo el número de personas que padecen hambre entre 12 % y 17 %.
En otras palabras, empoderar a las mujeres rurales no es solo una cuestión de equidad, sino también una estrategia clave para alimentar al mundo.
Mujeres que sostienen el campo y las comunidades rurales
En muchas comunidades rurales, las mujeres no solo participan en la producción agrícola, sino que también cumplen un papel central en la seguridad alimentaria de sus familias y comunidades.
Son ellas quienes suelen gestionar huertos familiares, seleccionar semillas, conservar alimentos, cuidar animales menores y garantizar que los hogares tengan acceso a alimentos nutritivos.
Además, en numerosos casos las mujeres rurales lideran iniciativas de agricultura sostenible, preservación de semillas nativas y prácticas tradicionales que contribuyen a proteger la biodiversidad.
A pesar de estas contribuciones, su trabajo muchas veces no es reconocido ni remunerado en la misma medida que el de los hombres.
El futuro del agro también es femenino
El sector agropecuario atraviesa una etapa de transformación impulsada por la innovación, la digitalización y el desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas a la producción de alimentos.
En este contexto, organismos internacionales como la Food and Agriculture Organization of the United Nations coinciden en que cerrar las brechas de género en el campo será clave para construir sistemas agroalimentarios más sostenibles, resilientes y productivos.
Garantizar que las mujeres rurales tengan acceso a educación, financiamiento, tecnología y oportunidades de liderazgo no solo fortalece sus comunidades, sino que también impulsa el desarrollo económico de los países.
Porque cuando una mujer agricultora prospera, prospera también su familia, su comunidad y el sistema alimentario del que todos dependemos.
Reconocer el motor invisible del agro
Durante décadas, las mujeres han sido el motor silencioso del campo, sosteniendo la producción de alimentos incluso en contextos de crisis, pobreza o cambio climático.
Hoy, más que nunca, reconocer su aporte y cerrar las brechas que aún persisten es una tarea urgente para gobiernos, organizaciones, empresas y la sociedad en su conjunto.
Porque la agricultura del futuro —más productiva, más sostenible y más inclusiva— solo será posible si las mujeres ocupan el lugar que les corresponde dentro del sector.
Y porque, al final, la verdad es simple y poderosa:
Sin mujeres no hay agricultura.